21 de Mayo
Ya tengo varias semanas de estar usando el iPad (64GB, wifi solamente), y estoy listo para compartir mis primeras impresiones del aparato. No pretendo hacer una reseña completa; las funciones y capacidades del iPad han sido explicadas hasta la saciedad (y más allá) en otros sitios. Lo que voy a explicar es el rol que funge el iPad en mi vida diaria, cosas que hace bien (y cosas que no), cómo pienso que se podría mejorar, y qué pienso que depara el futuro para este tipo de aparatos.
Primero: contexto. Soy cliente de Apple desde hace muchos años (adquirí mi primera Mac — una SE30 — en 1990). Actualmente mis principales computadoras son Macs, y también tengo varios iPods. (Tuve un iPhone primera generación que no sobrevivió un encuentro con un inodoro. No lo he reemplazado... todavía.) Critico muchas de las decisiones que toma la compañía, aún cuando pienso que actualmente representa la cumbre de la excelencia en el diseño de experiencias de usuario. Se puede decir que soy cliente fiel, pero no “fanboy”.
Segundo: expectativas. Cuando vi el video introductorio del iPhone en el 2007, pensé que (por primera vez en mucho tiempo) estaba presenciando algo verdaderamente novedoso en el campo del diseño de interacción. Era claro que este era el primer aparato de un nuevo tipo, tan diferente de sus predecesores como lo fue la primera Mac en 1984. El interfaz multitouch se veía (y es) simplemente genial.
Por el contrario, cuando vi el video de introducción del iPad pensé “parece un iPod touch gigante”. Tengo que admitir que — a diferencia del iPhone — mi primera reacción no fue “lo quiero”, sino “¿me pregunto que rol tendría un aparato como este en mi vida?”. En fin: no me sentí obligado a comprarlo.
Eso comenzó a cambiar cuando leí las reacciones de varios colegas en Estados Unidos. Me intrigó una idea en particular: que el iPad es un nuevo tipo de computadora que funciona más como un artefacto doméstico como una licuadora o tostadora que como una PC tradicional; la primera computadora para personas que no usan computadoras; la computadora para mi abuela. Este argumento tiene mérito: el iPhone (y ahora, el iPad) son completamente modales, y la complejidad está oculta detrás de un interfaz que esconde el sistema de archivos de la computadora y permite usar una sola aplicación a la vez. Eventualmente decidí que era importante conocer el iPad: podía tratarse de un hito importante en la forma en que las personas interactuan con la información. (Gracias a un gesto extraordinariamente generoso de mi hermano, me encontré en posesión de un iPad mucho antes de lo que hubiera esperado. ¡Gracias Jaime!)
Ahora, mis impresiones. Resulta que tener un iPod touch gigante es más conveniente de lo que uno pensaría. Como computadora, el iPad deja mucho que desear. Pero Apple no lo está posicionando como tal: claramente es un aparato diseñado para el consumo de información, igual que la televisión, los lectores electrónicos (el Kindle/Sony Reader), y los videojuegos — y compite directamente con los tres. Las aplicaciones de correo, calendario, y contactos son competentes, pero están lejos de poder suplir la funcionalidad de sus contrapartes en OSX. No creo que esto es algo que se pueda mejorar incrementalmente: el interfaz modal del iPhone OS hace que sea difícil que un “profesional de la información” pueda ser productivo con estas aplicaciones.
Como medio para consumir información, el cuadro es diferente: el iPad es extraordinario como reemplazo para otras formas de entretenimiento en el hogar. La televisión está acabada: el futuro son estas pequeñas pantallas personales que permiten al “televidente” ver exactamente lo que quiere cuando quiere. La televisión de la sala va a quedar relegada a aquellos momentos en que queremos compartir la experiencia con otras personas, aunque sospecho que la forma de interactuar con los televisores del futuro va a ser más parecida al iPad que a los televisores contemporáneos.
Los juegos también son muy divertidos en este aparato, y creo que el iPad va a precipitar una nueva “era dorada” de juegos innovadores. Es importante notar que los juegos que han dominado las consolas durante los últimos 15 años, como los first person shooters, no se traducen bien a una plataforma que no tiene botones físicos. La innovación y frescura de los juegos en el iPad se debe sin duda a que es difícil emular las mismas cosas que han sido exitosas en otras plataformas. Como consola de juegos, el iPad también es altamente social: su forma invita a compartir la experiencia, a sentarse alrededor de el en una mesa a jugar.
Como lector electrónico — como reemplazo al Kindle y a los libros físicos — el iPad es menos exitoso. Como lector, el iPad sufre de dos debilidades por su forma física. En primer lugar, es demasiado pesado: un aparato que uno está supuesto a agarrar en la mano por un período extenso de tiempo debe ser liviano, y 0.7kg es demasiado peso. Las muñecas se cansan después de un rato. En segundo lugar, es simplemente incómodo leer en una pantalla LCD. He podido leer libros largos (e.g. el año pasado leí La Biblia completa) en el Sony Reader, pero en el iPad mis ojos se cansan después de unos 20 minutos. Quizás será porque me estoy poniendo viejo, pero después de un día entero de estar viendo monitores LCD mis ojos necesitan descansar.
Eso dicho, pienso que el principal uso que le vamos a dar al iPad en mi hogar es como nuestra principal tecnología educativa. El tener un solo aparato que combina el video, audio, y texto, de forma interactiva, con el formato de un libro, es revolucionario. Por ejemplo, actualmente estoy siguiendo un curso de Stanford University en iTunes U sobre la Divina Comedia, leyendo el libro, tomando notas sobre lo que aprendo, y buscando más información en el web, todo en el mismo aparato. Genial. Mi hija Julia, de 22 meses, ya ha tomado sus primeros pasos con el interfaz, y puedo ver claramente cómo el iPad se va a convertir en una herramienta importante para su educación.
Mirando un poco al futuro, es bueno primero mirar hacia atrás: a 1984, cuando apareció la primera Macintosh. Como mencioné arriba, el iPhone OS representa un cambio tan radical con sus precedentes como lo hizo el Mac OS en su tiempo. Para muchas personas, la experiencia del usuario del iPad va a ser muy superior a la de una computadora tradicional. Aquellos que pueden vivir con los limitantes de sus aplicaciones — correo, browser, etc. — el iPad puede convertirse en su computadora principal. En fin, creo que el concepto de “la computadora para mi abuela” tiene mérito. (Espero que ningua de las dos lea esto, no vaya a ser que me pidan que les regale un iPad.)
Eso dicho, los reportes de “el fin de las computadoras tradicionales” son prematuros. Los ecosistemas más variados y abiertos siempre terminan ganándole a los más cerrados y controlados: en plataformas de cómputo, la decentralización es clave. El ecosistema del iPad/iPhone/iPod es uno de los más cerrados que ha existido. ¿Será que estamos por ver una repetición de la escena a finales de los años 80, cuando Apple — con su obsesión por controlar la plataforma — terminó cediendo el liderazgo de las computadoras personales a Microsoft/Intel? Solo el tiempo dirá. Por el momento, voy a seguir descubriendo y disfrutando mi juguete nuevo.
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