7 de Abril, 2010
La gran noticia de esta semana en el campo del diseño de experiencias de usuario es el lanzamiento público del iPad, que salió a la venta el sábado pasado. No he tenido oportunidad de usar uno todavía, dado que el aparato no está disponible fuera de Estados Unidos. Sin embargo, he estado siguiendo las noticias y reacciones alrededor de la web, y tengo algunas ideas preliminares en base a lo que he leído.
Primero, mis expectativas. Cuando Apple anunció el iPad el 27 de enero, lo primero que pensé fue “no es más que un gran iPod touch, y aunque parece una idea interesante, puede ser un fracaso en las ventas”. La razón de mi pesimismo inicial era que el iPad me pareció el primer producto de Apple en mucho tiempo que no tenía una audiencia o función clara, y por ende parecía difícil de justificar en el mercado. Por ejemplo, el concepto de un iPod es relativamente fácil de explicar a alguien que no lo ha visto antes (“un reproductor de música portátil que te permite llevar toda tu colección de canciones contigo”). Igual ocurre con las Macs (“las mejores — y más fáciles — computadoras personales del mundo”) y hasta con productos menos populares como el Apple TV (“un iPod para tu televisor”). ¿Cómo explica uno concisamente lo que es un iPad a alguien que no lo ha visto antes? (Dado que Apple vendió 300,000 unidades el primer día, creo que las posibilidades de fracaso en el mercado son bajas.)
Por lo que he visto en las primeras reseñas, “un iPhone gigante” no es la mejor forma de describirlo: muchas de las reacciones que he visto sugieren que se trata de un aparato revolucionario que promete cambiar radicalmente nuestras interacciones con los medios digitales de forma parecida a la que lo hizo la primera Mac en 1984. Creo que estas reacciones exageran, aunque el iPad indudablemente promete tener un impacto importante sobre la forma en que las personas interactuan con la información.
Veo dos extremos en las reacciones iniciales al aparato. El primer grupo consiste de aquellos que piensan que el iPad representa un nuevo paradigma de interacción para las computadoras personales, que libra al usuario de los aspectos más complejos de estos sistemas (e.g.: tener que lidiar con un sistema de archivos) para ayudarlo a enfocarse exclusivamente en la funcionalidad de la aplicación que tiene abierta en el momento. Las aplicaciones en el iPad no usan la metáfora de ventanas que ha dominado los sistemas operativos durante los últimos 25 años: todas las aplicaciones en el iPhone OS (que es el sistema operativo que usa el iPad) son modales. El efecto es que cuando uno usa la aplicación de calendario en el iPad, el aparato se convierte en un calendario — nada más y nada menos. Igual ocurre con todas las otras aplicaciones. El efecto es que el aparato promete ser mucho más fácil de usar que las computadoras tradicionales, especialmente para personas que no están acostumbradas a usarlas. (He leído varias reseñas sobre el iPad que lo describen como “la computadora para mi abuela”. Creo que este puede ser un mercado importante para este aparato.)
El segundo grupo consiste de personas que admiran el diseño del iPad, pero muestran preocupación por el ecosistema cerrado que representa el App Store de Apple. Cory Doctorow ha hecho un llamado a boicotear el aparato por su aspecto “cerrado” (el iPad no permite que su usuario cree aplicaciones nuevas directamente sobre el aparato, y las aplicaciones nuevas solamente pueden ser distribuidas a través de la tienda de Apple, que es notoriamente arbitraria en su selección de aplicaciones). Jeff Jarvis ha dicho que el iPad es “donde la creatividad va a morir”, argumentando convincentemente que se trata de un aparato reaccionario que busca devolver el poder a los medios tradicionales a costes de la flexibilidad, caos, y democracia del web.
Creo que ambos bandos tienen razón: se trata de una plataforma innovadora y atractiva, y altamente cerrada y controlada. Esta combinación es peligrosa. Por un lado, el iPad ofrece acceso inmediato a la plataforma de distribución y creación de información más abierta y democrática jamás creada (el web, a través de Mobile Safari). Por otro, ofrece acceso a una plataforma cerrada e hiper-controlada (el App Store de Apple). El problema es que muchas de las aplicaciones iniciales del iPad — el New York Times, GQ Magazine, Epicurious, etc. — están disponibles también como sitios web, pero en el iPad las aplicaciones son mucho más funcionales y atractivas que los sitios web. Dada la opción, creo que muchos usuarios van a optar por la aplicación “cerrada” (en la que no pueden comentar, hacer links, enviar a sus amigos, etc.) por encima del web. Irónicamente, el aparato que por fin democratiza el uso de las computadoras puede terminar promoviendo una visión cerrada de cómo deben funcionar. Esto me preocupa.
Eso dicho, estoy muy interesado en explorar más esta nueva forma de interactuar con la información. Espero poder adquirir un iPad pronto; cuando lo haga voy a escribir más sobre mis impresiones al respecto.
Imágen: matt buchanan
Estoy de acuerdo que los productos de Apple tienden a ser muy superiores a los de la competencia, y creo que han logrado la excelencia gracias en parte al nivel de control que mantienen sobre sus plataformas.
Eso dicho, creo que debemos estar vigilantes. Internet es el medio de comunicación más abierto y democrático que ha existido, y no debemos permitir que ninguna entidad (gobierno, compañía, etc.) -- por más “sexy” que sea -- nos regrese al modus operandi pre-Internet.
Cabe notar que hoy Apple anunció que han cambiado las reglas bajo las cuales se puede hacer desarrollo en la plataforma. Ahora están prohibidas las aplicaciones creadas con herramientas que convierten de una plataforma a otra (e.g. Flash -> iPhone). Es una señal más del enorme poder que tiene Apple sobre la plataforma y su ecosistema de desarrolladores.
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Sobre el ecosistema cerrado, es cierto que hay una voluntad monopolística en Apple. Pero muchos tienen ese sueño del monopolio. Quizá la diferencia con los demás aspirantes al monopolio radique en que a) a Apple le sale bien, con productos redondos, y b) que el mercado se entrega gustoso al monopolio y no a regañadientes. Es como si el peaje mereciera la pena.
En cualquier caso, después de que Apple haya sido el último en sacar el reproductor MP3 y el teléfono móvil en mercados saturados que nadie parecía capaz de llevar más allá... cabe preguntarse por qué ellos siempre dan en el clavo. ¿Ríe mejor el que ríe el último? Productos redondos que subsanan los fallos de sus antecesores, marketing implacable e identificación con la marca que lleva a afirmar que no tienen clientes si no fans. Todos desean ser Apple, pero sólo ellos lo consiguen. Hala, a reflexionar.